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La ética empresarial

    La ética empresarial

    La ética empresarial no es un tema de moda pasajera actual; define la verdadera dirección de una empresa. Los consumidores son cada vez más conscientes de las prácticas corporativas y los colaboradores (empleados) exigen un sentido de propósito más allá de la ganancia; la ética empresarial no es una elección, sino una necesidad imperante. Pero ¿cómo los negocios pueden beneficiarse de una filosofía y enfrentar los dilemas éticos? La ética no solo es buena para los negocios, sino que puede cambiar la forma en que se percibe y construye el mundo corporativo. 

    Históricamente podemos identificar tres corrientes, la primera conocida como ética de los negocios, que de manera regular converge con nuestro modo de actuar en lo público y lo privado; la segunda identificada académicamente como ética empresarial; y una tercera que corresponde a la adopción en los negocios de la ética. Como usuarios de los productos y servicios empresariales identificamos a la ética empresarial con la ética en los negocios, puesto que consideramos que las decisiones de un empresario son informadas y en consecuencia las mismas aplican en la vida diaria. Cabe señalar uno de los casos más sonados a nivel mundial en el año 2001 identificado como “Caso ENRON” y del cual se toma siempre ejemplo cuando se actúa en contra de la ética empresarial. Salió a la luz “un escándalo financiero masivo que reveló ganancias inexistentes y hasta inversores estafados. La situación empeoró cuando se reveló que el auditor de Enron, Arthur Andersen, para revisar y aprobar sus estados financieros, había publicado informes engañosos y destruido documentos en un intento de encubrir los negocios fraudulentos de la compañía.” El código de ética de Enron corporation – un documento compuesto hasta por 62 páginas – identifica en su índice la página 12 con el título “BUSINESS ETHICS” lo siguiente:

     “[…] ÉTICA DE NEGOCIOS Los empleados de ENRON CORP., sus subsidiarias y su compañías afiliadas(colectivamente la Compañía”) están encargados de conducir sus asuntos comerciales de acuerdo con los más altos estándares éticos. Un empleado no se comportara de una manera que directa o indirectamente sea perjudicial para los mejores intereses de la Compañía o de una manera que le reporte una ganancia financiera derivada por separado como consecuencia directa de su empleo con la Compañía. Las obligaciones morales y legales se cumplirán abiertamente, con prontitud y de una manera que refleje orgullo por el nombre de la Compañía. Los productos y servicios de la Compañía serán de la más alta calidad tal como están representados. La publicidad y promoción serán veraces, no exageradas ni engañosas. Se respetarán los acuerdos, ya sean contractuales o verbales. No se darán ni recibirán sobornos, bonificaciones, comisiones ilegales, entretenimiento lujoso ni obsequios a cambio de una posición, precio o privilegio especial. Los empleados mantendrán la confidencialidad de la información confidencial de la Compañía o información de propiedad exclusiva y no utilizará dicha información para su beneficio personal. […]”

     Desde la perspectiva del público general es evidente una falta a la ética profesional, cualquiera podría expresarlo en: mala conducta. Sin embargo, habría que considerar otras dos perspectivas, una legal y otra empresarial. Dejaré al último la legal. Por lo que refiere a la posición empresarial cabe citar a Peter Drucker que expresa: “la inexistencia de algo como ética empresarial y solo existe la ética en los negocios”. Cabría a la vista de la sociedad una forma de justificación a prácticas empresariales a través de una actitud inmoral. Como en cualquier actividad comercial el principio de la buena fe tendría que ir implícito. Y así debe ser.

     El principio Bona Fides sirve de telón para la perspectiva legal, y se hace necesario conocer su definición:

     “[…]

     2. Contenido ético de la buena fe. La buena fe expresa un principio que debe normar o regir: a) a la dirección de la conducta del sujeto de la relación jurídica y b) el criterio interpretativo de la ley y de los actos jurídicos.

       […]” 

    El profesor Antonio Hernández Gil* comenta que para los romanos “fides” es lo mismo que para nosotros el honor y la verdad…”. El paso del tiempo ha modificado la esencia de “fides” para trasladarla a un pensamiento que se puede asumir como verdadero.

    En esta centuria, en cuanto a los negocios internacionales, se hace indispensable el manejo de soft skills (herramientas suaves), que no son otra cosa que competencias sociales, habilidades y actitudes de una persona para desempeñarse adecuadamente al entorno. Es el punto de un compromiso social donde podemos identificar, de manera más clara, cuando un emprendimiento o negocio aplica su ética en los negocios. Sobre todo, porque lleva implícito desde lo legal, la aplicación de normas y regulaciones a cada uno de sus productos o servicios. 

    La economía circulante puede ser un elemento que nos permita identificar la ética empresarial no solo desde la parte externa sino también interna. Ya que, al existir un compromiso social sustentable, tendríamos un panorama general de que sus actividades financieras son también armoniosas. No pretendo convertir, estimado lector, estas líneas en un medio de conversión, sino poner en la mesa elementos que nos permitan tener algunas herramientas posibles para sumarlas a nuestras actividades comerciales. 

    La ventaja competitiva que este tipo de economía circulante ofrece es, además de la identificación misma con sus clientes, la credibilidad y la confianza internacional.

     ¿Cómo fomentar la cultura organizacional ética?

     Aquí tienes algunos pasos prácticos y sencillos:

    1. Definir valores éticos claros: Establece un conjunto claro de valores éticos que reflejen la identidad y los principios de tu empresa. Comunica estos valores a todos tus colaboradores (empleados) para que los conozcan y los entiendan. 

    2. Liderazgo ético: Los líderes de la empresa deben servir como ejemplos de conducta ética. Promueve la integridad, la honestidad y la transparencia en la toma de decisiones y las acciones de la alta dirección. 

    3. Código de ética: Desarrolla un código de ética sólido que establezca las expectativas de comportamiento ético para todos los colaboradores (empleados). El código debe ser accesible y comprensible para todos. 

    4. Capacitación ética: Proporciona capacitación regular sobre ética en todos los niveles de la organización. Ayuda a identificar dilemas éticos y a tomar decisiones éticas informadas. 

    5. Reconocimiento y recompensas: Reconoce y recompensa a tus colaboradores (empleados) que demuestren buen comportamiento ético y actúen de acuerdo con los valores de la empresa. 

    6. Comunicación constante: Mantén una comunicación abierta y constante sobre temas éticos en la empresa. Celebra historias de éxito ético. 

    7. Evaluación y mejora continua: Realiza evaluaciones regulares de la ética de la empresa y toma medidas para abordar las áreas de mejora identificadas. Es un proceso en evolución.

    En conclusión, la ética empresarial no es simplemente un conjunto de principios abstractos, sino la columna vertebral de una empresa saludable y exitosa en esta economía digital. Promover una cultura organizacional ética implica mucho más que palabras en un papel (como abogado digital e informático estoy en contra de seguir usando papel); requiere un compromiso profundo y continuo por parte de la dirección y de todos los miembros de la organización. 

    La ética no solo es buena para los negocios, sino que también es esencial para mantener la confianza de los clientes, retener a los empleados talentosos y enfrentar los desafíos éticos que inevitablemente surgirán

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    Cada empresa, sin importar su tamaño o industria, tiene la responsabilidad de fomentar una cultura ética sólida. Desde el liderazgo ético hasta la capacitación y el fortalecimiento de la toma de decisiones éticas en todos los niveles, cada uno de nosotros puede y debe contribuir a construir un mundo empresarial más ético y sostenible. 

    No esperemos a que los demás den el primer paso. Cada uno de nosotros puede marcar la diferencia al priorizar la integridad, la honestidad y la transparencia en nuestras acciones y decisiones diarias en el trabajo. Al hacerlo, no solo estaremos construyendo empresas más fuertes, sino también un mundo empresarial en el que la ética sea la norma y no la excepción. 

    Larga vida y prosperidad.🖖

    MDCI Héctor Ibarra Santamaría

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